La historia de cómo una niña-rata y un niño-pollo acabaron metidos en un gran lío, sin comerlo ni beberlo. Bueno, un poco sí que metieron mano, porque resulta que ella ayudó a un ojo, uno muy grande, a salir de un apuro y, al final, una cosa llevó a la otra, y acabaron en una isla llena de criaturas mitológicas. Ya sabes, esas con tres cabezas o mitad serpiente, mitas lo que sea. Un disparate, en serio, pero tan divertido como volar en un grifo, de los mitológicos, no de losde abrir el agua. Bueno, tú ya me entiendes.